Nuestras ideas para una boda civil diferente

La idea de boda civil que teníamos era muy distinta al tipo de bodas civiles que acostumbrábamos a ver, por eso, cuando dijimos "Sí quiero una boda civil" quisimos hacerla lo más personal y divertida posible -nada de leer el código, decir "si quiero", firmar y salir pitando-.

No, nosotros, entraríamos bailando. Tomás, acompañado de su madre, al ritmo de Lonely Boy de The Black Keys. Yo, con mi padre, y sería la misma canción que bailábamos en el salón de casa cuando era pequeña, Tutti Frutti de Little Richard. Y así fue, practicamos durante semanas, y ese día sorprendimos a nuestros invitados con una entrada -yo diría- triunfal.


Tendríamos pajecitos, pero nada de esos niños que van de punta en blanco, de mírame y no me toques. Los nuestros, irían bien guapos y cómodos. Y cada uno tendría una función importantísima en la ceremonia. Jana, nuestra princesa grande, llevaría mi ramo de novia -al entrar bailando como una loca, tuve que buscarme la mejor aliada- "es una responsabilidad muy importante", le comenté y ella prometió cumplirla a rajatabla: "Cris, yo lo agarro muy fuerte para que no se caiga", y así lo hizo. Fer, sería nuestro pirata, él llevaría un cofre con nuestras arras -las mismas arras con las que se casaron mis padres- y que nuestro pirata llevó en su caja fuerte roja hasta el altar. Y Martina, nuestra pequeña princesa -demasiado pequeña para entender la importancia de aquella fiesta- llevaría nuestras alianzas en un bastidor personalizado


Quisimos un escenario informal -que no fuera de revista, que se pudiera tocar sin miedo a estropear-, y ya que lo ceremonia sería en uno de los salones del Gran Hotel Balneario de Puente Viesgo, donde nos casamos, diseñamos cada rincón junto a nuestra Wedding Planner, Amaya Crespo: un "altar" festivo, con los colores de nuestra invitación de boda. Alfombra roja, un gran corazón de pompones rojos, globos "flotando" -como hubo en la pedida de mano que Tomás me preparó-, paniculata en tarritos por el pasillo, una mesa de firmas con las fotos de boda de nuestros padres y abuelos, sentarnos solos en el altar junto a nuestros pajecitos y de lado a nuestros invitados, ¡nada de darles la espalda!


También, quisimos sentirnos arropados por nuestros invitados -que todos escucharan nuestros votos- y que algunos familiares y amigos participaran en la ceremonia dedicandonos palabras de esas que no hicieran llorar -aunque nos emocionaran-, quisimos música navideña, y confeti, puñados de confeti en nuestra salida de la ceremonia que, por supuesto, hicimos bailando, pero al ritmo de, La Vie en Rose versionada por Pomplamoose.


Quisimos una boda civil diferente, que fuera original, relajada y que tanto nosotros como nuestros invitados se lo pasaran bien y tuvieran un recuerdo divertido de nuestro día en su memoria. ¿Lo conseguimos? Esperamos que sí.

La boda empezó así, pero si quieres saber cómo empezó o continuó, puedes ver otras cosas especiales que preparamos para ese día como:


Todavía tengo que enseñarte muchas más cosas, pero poco a poco para no saturar y para que yo pueda seguir reviviendo este día tan especial.

Iniciación en la costura: Cojines sin cremallera

Llevaba tiempo queriendo tener una máquina de coser, estaba en mi lista de deseos Navideños desde hace años, pero nunca me caía... Por eso, cuando empezamos a hacer nuestra lista de bodas, decidí incluirla -Tomás pidió otro producto eléctrico, no penséis que solo yo iba a tener un aparatito para jugar- y nuestros amigos Vero e Iñaki, ¡me la regalaron!

Y como no tenía ni pajolera idea de como funcionaba -solo una vez manejé una-, llamé a mi tía Toñi, mande mil mensajes a mi amiblogger Pángala y me vi decenas de tutoriales en Youtube, hasta decidirme por algo facilito y decorativo: unos cojines sin cremallera.


Busqué unas telas bonitas y económicas para hacer lo que sería mi primer experimento de costura, me fui a Ikea y me compre unos metros de EMMIE ROS y AINAme vi este tutorial en Youtube de Fieltropiezos y me leí estos consejos para hacer una funda de cojín de Missoluciones-Pángala.


Y así, siguiendo todas las recomendaciones, me inicié en la costura a pasos de hormiguita pero sin descanso. Me hice cinco cojines de golpe -tenía que quitar el mono de estrenar mi juguete- y fui mejorando con cada uno de ellos -aunque aún me queda muchísimo por aprender-.


Los coloqué en nuestro sofá, junto al mapa que encontré en una nave cerca de las de Subastas Escudero, en Torrelavega -te lo conté en mi foto de Instagram- y me tumbé.

Me encanta el resultado, la satisfacción de haber conseguido hacer algo con telas -mi tarea pendiente junto con la pintura- y el gusanillo que me ha entrado para seguir usando la máquina de coser con éste y otros materiales.

¿Alguna idea más para un paso un poco más avanzado? Pero poco a poco...

DIY Mirilla Búho para la puerta

Cuando hace un tiempo descubrí las mirillas de Cocoboheme me las guardé en mi lista de DIY pendientes para cuando tuviera un ratillo poder hacerme una, concretamente la de búho, y ahora, muchos meses después de encontrarlas en Pinterest, ¡ha llegado el momento!


Para hacer una mirilla búho necesitarás: un tablero de madera de ocume, un taco de madera, papel de lija, una sierra de calar (o sierra de pelo), una broca plana, un lápiz, barniz, un rotulador permanente y el dibujo de la mirilla búho como referencia.

DIY Mirilla Búho

Lo primero, dibujamos el búho sobre la madera. Yo saqué el búho a la medida deseada y lo calqué. Una vez hecho esto, cortamos su silueta con ayuda de una sierra de calar

DIY Mirilla Búho

El siguiente paso, hacer el agujero que corresponderá a la mirilla. En el caso de mi puerta, fue necesario hacerlo con una broca plana de 16mm. Si lo vas a hacer para decorar el exterior de la puerta de casa, necesitarás un diámetro mayor, para ello mide el tamaño de tu mirilla y calcula la broca que necesitarás para hacer el ojo del búho. Aquí, necesitarás un taco de madera, que te ayudará a tener una superficie más gruesa cuando atravieses la madera

DIY Mirilla Búho

Cuando tengamos todo perfectamente recortado, lijamos. Con una hoja de lija, pulimos bien todos los cantos -el taco de madera también te vendrá bien en este paso, cúbrelo con la hoja de lija y tendrás mejor sujeción-, y con la ayuda de un lapicero, enrollamos la hoja para poder acceder mejor al interior del agujero. 

DIY Mirilla Búho

Finalizada esta fase, dibujamos los detalles del búho con un rotulador permanente, yo he usado un Sharpie de color cobre -me encanta el color y lo bien que pintan estos rotuladores-. Lo dejamos secar unos minutos y aplicamos una capa de barniz -yo suelo utilizar barniz incoloro mate, no me gustan mucho los brillos en la madera, pero si tu buscas que resalte un poco más, dale una capa de barniz con brillo-.

DIY Mirilla Búho

Una vez seco el barniz, lo fijamos a la puerta. Yo, por si me canso de él -o mi casera piensa que eso en su puerta no, no, no- he utilizado masilla adhesiva, no hacen falta explicaciones sobre este producto, -¿quién no ha utilizado esto para pegar los pósters de su habitación en su adolescencia?-

DIY Mirilla Búho

Y así, después de una tarde de bricolaje, es como queda la mirilla en la puerta. Simpática, decorativa y DIY, como me gusta a mí, ¿y a ti?


Somos como los petisuis

Los que conocen a mi hermano saben que es hombre de pocas palabras pero cuando coge carrerilla puede convertirse en una de las personas más simpáticas que conocemos. Y cuando se pone a decir halagos -una vez cada década- hay que preservarlos por los siglos de los siglos.

Por ello, cuando empecé a pensar en los regalos especiales que tendría con cada integrante de mi familia el día de nuestra boda, supe que el de mi hermano estaría enfocado al único -y mejor- piropo que me ha echado en nuestras casi 3 décadas juntos.


Y es que mi hermano y yo siempre hemos ido en pack: primero al colegio, después al instituto, más tarde a la universidad, y por último en todas las empresas en las que hemos trabajado, hasta que, hace unos años, decidimos trabajar (junto a nuestra compañera Sara) en nuestra propia empresa. Pero antes de que esto último sucediera, y con el miedo que a ratos nos provocaba montar nuestro propio negocio, mi hermano me dijo el mejor -y único- piropo que me ha dedicado en nuestras andanzas: "Tú y yo somos como los petisuis, siempre vamos juntos".

Así, para que este piropo estuviera siempre presente en nuestra andadura personal y profesional -incluso cuando nos enfadamos y pataleamos- decidí contactar con nuestra amiga Irene G. Lenguas para que inmortalizase este recuerdo y todo lo que él implica. Y éste fue el resultado:


Porque siempre ha sido así, los petisuis van de dos en dos, y mi hermano y yo hacemos un equipazo. 

¡Qué vivan los petisuis!

En próximas publicaciones te enseñaré el resto de regalos especiales para el resto de familiares. Pero para que puedas ir abriendo boca de cada detalle que organizamos para ese día, puedes leer todas las entradas de Cris y Tom se casan que he ido publicando aquí.